Máquinas Tragaperras – su Historia

tragaperras de vídeo¿Alguna vez has visto alguna máquina tragaperras? Por supuesto que sí. Si no, no estarías vivo pero ¿sabes lo que hay dentro de esas máquinas de colorines y qué les hace funcionar así? Bueno, si lo sabes te podrías escapar, pero si deseas aprender sobre la historia y el interior de esas cajas de metal rellenas de dinero, continua leyendo.

Charles August Fey

El hombre al que se le atribuye la construcción de la primera máquina tragaperras se llamaba Charles August Fey, un ciudadano alemán que se trasladó a San Francisco a finales del siglo XIX.

Sr. Fey le fascinaban e inspiraban los dispositivos creados por su compañero inventor Gustav Schultze, que se repartieron por las peluquerías y dieron sus frutos solamente ofreciendo cigarros y bebidas gratis.

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El Sr. Fey, que por el momento trabajaba como mecánico, finalizó la construcción del primer dispositivo que aceptaba monedas en 1894 y un año más tarde, construyó su segunda máquina de juego que rápidamente se hizo muy popular. Es entonces, cuando el Sr. Fey vio la oportunidad, renunció a su trabajo y comenzó la producción a gran escala de sus máquinas.

Originalmente, los dispositivos del Sr. Fey ofrecían la oportunidad de ganar cigarros, pero la demanda por pagos en efectivo le hizo modificar sus creaciones para dar dinero como recompensa.

En 1899 desarrolló un dispositivo llamado el «Liberty Bell» o la «Campana de la Libertad», el primer modelo de máquina tragaperras tal y como la conocemos hoy en día. La máquina estaba equipada con tres rodillos con seis símbolos diferentes: diamante, corazón, espada, herradura, estrellas y una Campana de la Libertad (Liberty Bell) agrietada. Los rodillos se ponían en marcha cuando la palanca del lado se empujaba hacia abajo y las ganancias dependían de los símbolos que conseguía el jugador. Se daba el mayor premio que era de 50 centavos, cuando se conseguían las 3 Campanas de la Libertad.

Otra de sus famosas máquinas era la llamada «Draw Poker» o «Proyecto de Póquer», que consistía de cinco tambores cada uno con diez cartas. El pago que ofrecía el dispositivo se basaba en el tipo de mano que obtenía el jugador. Por ejemplo, para la escalera real se conseguiría la mayor cantidad de dinero. Sin embargo, estas máquinas solamente tenían espacio para cincuenta cartas y a menudo, el diez de picas y la jota de corazones eran excluidas y sin esas dos, la posibilidad de conseguir una escalera real era mínima.

Por desgracia, en 1906 San Francisco fue golpeado por un terremoto que destruyó todas menos cuatro de las máquinas de la «Campana de la libertad». Una de las «supervivientes» se puede ver en el salón Liberty Bell en Reno, Nevada, donde se muestra la máquina como antigüedad.

Campana de la Libertad

Herbert Stephen Mills

Aunque el primer lote de máquinas tragamonedas se destruyeron, la tecnología sobrevivió y rápidamente, estas fueron copiadas por empresarios oportunistas como Herbert Stephen Mills.

El Sr. Mills estableció la Mills Novelty Company de Chicago y comenzó la producción de las Campanas de la Libertad Mills, High Top y Golden Falls, que se hicieron muy populares extendiéndose por todo el país con gran rapidez. Se podían ver las máquinas en salones, boleras, clubes de billar y demás lugares de entretenimiento.

Después de un tiempo, los fabricantes comenzaron con la producción de máquinas de juego más grandes, estas tenían un gran rodillo giratorio dividido en secciones de colores diferentes. Para ganar, un jugador tenía que apostar por un color, tirar de la palanca y esperar a que la rueda se detuviera en su sección. Dependiendo del tamaño de la rueda, las secciones variaban de cincuenta a cien colores.

Este tipo de máquinas de juego atrajo a gran cantidad de aficionados y se convirtió en el juego más demandado para jugar, pero pasado un tiempo, tanta emoción se desvaneció. Sin tiempo que perder, el Sr Mills dio a conocer su nuevo juego llamado el Kalamazoo, que fue una de las primeras máquinas de suelo. Una vez que el dispositivo demostró su éxito, provocó un tsunami de imitadores que ofrecían algo diferente o incluso mejorado pero siempre basándose en el mismo principio. El Kalamazoo permitía a sus jugadores insertar un máximo de 5 monedas hasta $1. Mientras que el Duplex, que fue creado por el Sr. Fey, permitía a sus jugadores insertar hasta diez monedas.

Como resultado de diversas técnicas y estrategias de marketing, el negocio de Mills creció rápidamente y en 1927 se convirtió en uno de los mayores proveedores de la nación. Una característica interesante que diferencia a los productos de Mills de aquellos que ofrecía la competencia, era que los suyos proporcionaban una motivación extra. Por ejemplo, el jugador siempre podía ver el dinero que percibiría si consiguiese la combinación correcta. Además, el jugador también podía ver tres filas de símbolos cada vez que los rodillos se detenían y ver exactamente lo cerca que se había quedado de la combinación deseada.

Con el tiempo la gente se hizo más audaz y los jugadores exigieron máquinas con denominaciones más grandes. Esta demanda fue la que impulsó la carrera en la industria. En 1928, Charles Fey introdujo la Silver Dollar Slot o la primera máquina en aceptar monedas de ese tamaño.

En menos de treinta años la fabricación de máquinas tragaperras se transformó en un negocio muy famoso y lucrativo. Durante ese periodo de tiempo, en una escala global, se construyeron más de un millón de máquinas. Se desarrollaron gran cantidad de novedades, cada una de ellas presentando nuevas modificaciones que incluyeron el cambio de la carcasa de acero por una de aluminio, modificación que fue ampliamente adoptada.

Las máquinas Tragaperras disfrutaron de una creciente demanda por parte de los establecimientos «clandestinos» que eran como los bares de hoy, pero que, durante el período de PROHIBCIÓN fueron considerados ilegales y a menudo mal vistos.

La Época de después de la Gran Depresión

Las máquinas tragaperras sobrevivieron e incluso florecieron durante la Prohibición y la Depresión pero su éxito no fue aceptado por todos y muchos políticos y agentes del orden público encargados de hacer cumplir la ley, expresaron abiertamente sus críticas e incluso lucharon contra la industria. Sin embargo, sus esfuerzos fueron inútiles ya que la gente siguió visitando los salones locales o boleras para pasar horas delante de los «bandidos de un brazo».

Durante la Segunda Guerra Mundial muchas fábricas cerraron y fueron reutilizadas para la fabricación de armas militares mientras que, aquellas instalaciones que no participaron en la construcción de armas no les fue tan bien debido a la escasez de aluminio. Por todos estos motivos, las fábricas de tragaperras se vieron obligadas a volver a fabricar las carcasas de hierro. Con el tiempo, los efectos de la guerra afectó a todo el mundo y la producción de máquinas tragaperras se detuvo completamente en 1942 hasta el final del conflicto armado.

Alrededor de la década de los 50, un tallador autodidacta y artista de renombre llamado Frank Polk también se sintió atraído por esas cautivadoras máquinas tragaperras. Mr. Polk creó una serie de carcasas de madera hechas a mano para las máquinas Mills High Tops, que rápidamente se hicieron muy famosas debido a sus diseños realistas. En las carcasas, normalmente aparecían indios, vaqueros y mineros entre otras figuras occidentales. Hoy en día el trabajo de Polk es considerado como un tesoro para los coleccionistas.

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Las Innovaciones de Bally

En la década de los 60 se introdujo otra innovación en la industria de las máquinas tragaperras por cuenta de Bally Manufacturing. Bally contaba con más de treinta años de experiencia en el negocio porque fabricaba juegos de arcade y máquinas que funcionaban a base de monedas. La compañía implementó el uso de circuitos electro-mecánicos con el fin de ofrecer mayores posibilidades de pago. Además, Bally cambió la ranura de una única moneda por una tolva, que permitía depositar en una máquina tragaperras hasta 500 monedas sin necesidad de ayuda del asistente.

Esta serie de innovaciones hicieron que la compañía superase a sus competidores y dominase la industria con el control de alrededor del 90% de todas las máquinas tragaperras en Nevada durante la década de los 70. En 1967 Bally lanzó la primera máquina tragaperras, llamada «809», que ofrecía un pago proporcional a la cantidad depositada. La apuesta mínima para estas máquinas se fijó en una moneda, mientras que el máximo en cinco.

En la década de los 80 la compañía lanzó su Serie E que marcó el camino hacia la máquina tragaperras como la conocemos hoy en día. Estos dispositivos fueron equipados con microprocesadores que controlaban cada movimiento que la máquina hacía y además, la nueva tecnología captaba y almacena la información de los diferentes indicadores, entre ellos cuando se producía el último pago, cuánto era y cuántas veces se había jugado a la máquina.

Además, Bally introdujo los chips de música en esos microprocesadores, dando a la máquina tragaperras la capacidad de generar diferentes sonidos cuando se insertaban las monedas o cuando los rodillos giraban.

Sin embargo, con el desarrollo y la utilización de las nuevas tecnologías, Bally se vino abajo, pero aun así, se mantuvo en el negocio ofreciendo una gran gama de máquinas nuevas resplandecientes. El mandamás es ahora la IGT, la International Game Technology, que fabrica y factura la mayoría de ingresos en el sector de las máquinas tragaperras. Además, la IGT presentó la primera tecnología en la nube utilizada en las máquinas tragaperras en 2011.

Las Innovaciones de Bally